El Accionar Planetario Noájida: Análisis Narrativo del Marco Ético del Plan MASHAM frente al Desafío del Panteísmo Spinoziano
El compromiso de las comunidades noájidas con la sostenibilidad y la gobernanza global —expresado en la propuesta del Plan MASHAM y la iniciativa de Jidush HaBrit— representa un punto de inflexión en la historia de la ética universal. No se trata de un ambientalismo reactivo ni de una adhesión acrítica a las corrientes ecológicas de moda, sino de una praxis fundamentada en el principio ancestral del Derej Eretz (el "camino de la tierra" o la conducta ética y civilizada que precede y sostiene a la ley) y en los mandatos universales entregados a los descendientes de Noé.
Sin embargo, al adentrarse en los foros globales y en la acción ambiental planetaria, surge una encrucijada filosófica determinante: ¿cuál es la raíz profunda de nuestra responsabilidad hacia la Tierra? Para navegar este terreno sin extraviar el rumbo ético, es preciso desglosar narrativamente las divergencias estructurales entre la cosmovisión del Plan MASHAM y la filosofía de Baruch Spinoza, ilustrando cómo el pensamiento de los sabios de Israel sobre el Derej Eretz ofrece el antídoto contra las desviaciones naturalistas.
I. La Naturaleza de la Divinidad: El Creador Trascendente frente a Deus sive Natura
El punto de partida de toda acción noájida reside en la afirmación del monoteísmo puro: Dios es el Creador Trascendente, una existencia absoluta, libre e infinita que trasciende al cosmos y lo llama a la existencia de la nada. En la visión del Noajismo, establecida en la Torah, la Tierra y la naturaleza son obras creadas (Beriá), impregnadas de la sabiduría divina, pero no constituyen la esencia de Dios mismo.
Por el contrario, el núcleo del pensamiento de Baruch Spinoza se sintetiza en su famosa fórmula Deus sive Natura ("Dios o la Naturaleza"). Al equiparar la sustancia divina con la totalidad del universo físico y sus leyes necesarias, Spinoza disuelve la trascendencia. Para el filósofo holandés, no existe un Creador fuera del cosmos ni una voluntad trascendente que dirija la historia; la naturaleza simplemente "es" y opera por estricta necesidad mecánica.
La perspectiva del Derej Eretz y los Sabios
Los sabios del Talmud enfatizan que la naturaleza es el escenario de la acción humana, no el objeto de nuestra devoción. En el Midrash Rabá (Eclesiastés Rabá 7:13) se relata un pasaje fundamental para el Derej Eretz ambiental:
"Cuando el Santo, Bendito Sea, creó al primer hombre, lo tomó y lo llevó a pasear por todos los árboles del Huerto del Edén, y le dijo: 'Mira Mis obras, qué hermosas y hermosas son. Todo lo que he creado, lo he creado para ti. Ten cuidado de no arruinar ni destruir Mi mundo, porque si lo arruinas, no habrá nadie después de ti para repararlo'."
Este pasaje ilustra la brecha infranqueable con Spinoza: el mundo es "obra" de Dios, confiado a la responsabilidad humana. La obligación de no destruir no nace del culto a la Tierra en sí misma, sino de un deber de lealtad y custodia ante el Propietario Supremo que la creó con un propósito moral.
II. El Estatus y la Misión del Ser Humano: El Custodio Moral (Adam) frente al Modo Finito
En la narrativa spinoziana, el ser humano carece de una posición de privilegio o vocación singular en el cosmos. Es únicamente un "modo finito" más dentro de la infinita sustancia natural, regido por las mismas leyes deterministas que gobiernan a un mineral, una planta o un animal. En este esquema, la idea de que el ser humano posee un libre albedrío especial o una "imagen divina" es descartada como una ilusión antropocéntrica.
El noajismo, en cambio, rescata el concepto de Adam (Humanidad/Dignidad) tal como lo concibe la tradición bíblica. El ser humano es un agente libre y moralmente responsable, situado estratégicamente en la Creación como socio en la obra formativa. Posee la capacidad única de trascender sus impulsos biológicos, discernir el bien del mal y ejercer la rectitud.
El principio de Yishuv HaOlam y el Talmud
Los sabios enfatizan que el Derej Eretz implica la obligación activa de asentar y perfeccionar el mundo (Yishuv HaOlam). En el Talmud Babiloni (Tratado de Sanhedrín 38a) se enseña que el hombre fue creado en el sexto día para recordarle tanto su humildad como su responsabilidad: si actúa con rectitud, se le dice que toda la Creación fue dispuesta para ser guiada por su bondad; si se corrompe, hasta el mosquito lo supera.
Asimismo, en el tratado de Avot de Rabbi Natán (Capítulo 31), Rabbi Yojanán ben Zakai enseña sobre la prioridad del trabajo constructivo en el mundo físico:
"Si tenías una planta en tu mano y te dijeran: '¡Mira, ahí viene el Mesías!', primero planta el árbol y luego sal a recibirlo."
Esta máxima resume el corazón del Derej Eretz noájida: el perfeccionamiento de la Tierra mediante el trabajo concreto y responsable es una exigencia ética insustituible, algo insostenible bajo un marco determinista donde las acciones humanas son mero engranaje de una causalidad física ineludible.
III. El Fundamento de la Ética: Mandato Divino y Justicia (Mishpat) frente al Conatus Naturalista
Para Spinoza, la moralidad objetiva o los mandatos divinos revelados no existen en sentido metafísico. La conducta humana está determinada por el principio del conatus: el esfuerzo innato de cada ser por perseverar en su propio ser. Lo que llamamos "bueno" o "malo" son simplemente apreciaciones subjetivas sobre lo que favorece o impide nuestra supervivencia y poder de actuar. La ética spinoziana es naturalista y utilitaria en su raíz.
El Plan MASHAM, del Proyecto Arca Internacional, erige la acción planetaria sobre la columna del Mishpat (Justicia y Tribunales) y la obediencia a las Leyes Divinas Universales. La justicia ambiental no es una simple estrategia de supervivencia biológica, sino una exigencia moral objetiva. Dañar el agua, contaminar la tierra o despojar a las generaciones futuras es una violación directa del marco ético universal establecido por el Creador.
La enseñanza del Tratado Derej Eretz Rabá
En la literatura del Derej Eretz, la conducta civilizada y el respeto al prójimo y al entorno no son meras convenciones sociales, sino requisitos previos a la espiritualidad misma. El célebre dicho de los sabios en Vayikrá Rabá 9:3 señala:
"Derej Eretz kadmá laTorá" (El comportamiento ético y el civismo preceden a la Ley Divine).
Esto implica que antes de construir discursos teológicos o políticos sofisticados, la humanidad debe establecer normas de justicia básica, equidad y respeto mutuo. La justicia no se deriva de la fuerza de la naturaleza, sino de un código ético trascendente que exige proteger al débil y administrar los recursos con equidad.
IV. El Cuidado Ambiental: Shemirat HaAretz frente al Ecocentrismo Panteísta
Al fusionar a Dios con la Naturaleza, las filosofías derivadas del spinozismo tienden con frecuencia hacia un ecocentrismo radical, donde el valor de la naturaleza eclipsa el valor de la vida humana, o donde la naturaleza se venera como un fin en sí misma. Bajo esta mirada, el ser humano a menudo es calificado como un "cáncer" o un elemento perturbador de la armonía natural.
El Plan MASHAM promueve el concepto de Shemirat HaAretz (Guardia o Custodia de la Tierra) en equilibrio armónico con Mayim (el Cuidado de las Fuentes de Vida). La Tierra es sagrada en el sentido de que es la propiedad de Dios y el escenario asignado a la humanidad, pero no es una deidad a la que se deba rendir culto.
La prohibición de Bal Tashjit (No Destruir)
La literatura rabínica expandió el precepto ético de no destruir recursos (Bal Tashjit) a todas las áreas de la vida civil. En el Talmud Babiloni (Tratado de Shabbat 105b) y en Bava Kama 91b, los sabios advierten severamente contra el derroche, el talado injustificado de árboles frutales y la contaminación de recursos hídricos.
Un relato paradigmático del Talmud (Taanit 23a) ilustra la visión intergeneracional del Derej Eretz a través de la figura de Joni HaMeaguel:
Joni vio a un hombre anciano plantando un algarrobo y le preguntó: "¿Cuántos años tarda este árbol en dar fruto?". El hombre respondió: "Setenta años". Joni le volvió a preguntar: "¿Estás seguro de que vivirás otros setenta años para comer de su fruto?". El hombre le contestó: "Yo encontré este mundo poblado de algarrobos porque mis antepasados los plantaron para mí; así como mis padres plantaron para mí, yo planto para mis hijos".
La preservación del planeta en el noajismo es un acto de continuidad intergeneracional y gratitud hacia el Creador, distanciándose por completo de la devoción panteísta a la tierra.
V. Conclusión: La Síntesis del MASHAM como Ciudadanía Ética Global
El análisis detallado demuestra que la participación noájida en causas planetarias no debe buscar sustento en la disolución spinoziana de la divinidad en la materia. El panteísmo, al privar al universo de un Creador personal, priva al ser humano de su vocación de custodio libre y reduce la ética a una concatenación de fuerzas naturales.
El noajismo propone un camino radicalmente distinto y profundamente anclado en la tradición del Derej Eretz:
Reconocer la Trascendencia: Actuar en la Tierra sabiendo que pertenece al Creador.
Ejercer el Libre Albedrío Moral: Asumir que la crisis ecológica es consecuencia de elecciones humanas y requiere una corrección ética voluntaria (Teshuvá civil).
Restaurar la Dignidad Humana (Adam): Posicionar al ser humano como el agente de bendición y equilibrio para todas las especies, no como un enemigo del planeta.
Instituir la Justicia (Mishpat): Anclar el activismo ambiental en leyes justas, combate a la corrupción y protección de los vulnerables.
Al mantener esta distinción clara, las comunidades noájidas podrán liderar y colaborar en las grandes iniciativas globales —como la Carta de la Tierra y los foros internacionales— aportando una luz moral sólida, donde el cuidado del planeta sea el reflejo terrestre de nuestra fidelidad al Creador de los Cielos.
El Plan MASHAM y el movimiento Jidush HaBrit (Renovación del Pacto) no solo son compatibles con la diversidad global, sino que están diseñados en su propia estructura para funcionar de manera óptima desde la unidad pluricultural y religiosa.
A diferencia de los modelos ideológicos homogenizadores o de las corrientes panteístas que diluyen las identidades, el marco ético noájida permite articular un frente común planetario respetando y fortaleciendo la riqueza cultural y espiritual de cada pueblo.
El Fundamento: La "Mesa Común" de los Siete Preceptos
El código de los Siete Preceptos Noájidas (y sus principios éticos derivados como Mishpat, Adam y Shemirat HaAretz) funciona como un marco mínimo de convivencia universal, no como una nueva religión hegemonizante.
No exige conversión ni uniformidad: A diferencia de sistemas religiosos prosélitos que exigen la abandono de la identidad propia, el marco noájida reconoce que cada nación y cultura conserva sus tradiciones, lenguas, artes y costumbres particulares.
Ética sobre dogma: No se debate sobre liturgias, ritos ni teologías complejas; se acuerda sobre lo que la humanidad necesita para no autodestruirse: prohibición de la injusticia, respeto a la vida, preservación del entorno y tribunales rectos.
La Naturaleza de la Divinidad: El Creador Trascendente frente al Deus sive Natura
El primer punto de contraste reside en la concepción misma de lo divino y la realidad. En la filosofía de Baruch Spinoza, Dios y la Naturaleza son exactamente la misma sustancia infinitamente desplegada (Deus sive Natura). Bajo este enfoque panteísta, la divinidad carece de mente personal, voluntad consciente, afecto o propósito providencial; es simplemente la totalidad de las leyes físicas y mecánicas del cosmos.
Por el contrario, el noajismo, sostiene la visión del monoteísmo ético universal: Dios es el Creador Trascendente que llamó a la existencia al universo por voluntad y sabiduría. Esta distinción es la piedra angular que permite la unidad pluricultural y religiosa:
Al no disolver a Dios en la materia, el Plan MASHAM respeta la intuición espiritual profunda de las grandes tradiciones del mundo (judeocristiana, islámica, pueblos originarios y corrientes orientales), las cuales reconocen un principio superior trascendente o una fuente sagrada de vida.
Mientras que el panteísmo spinoziano exige abrazar un naturalismo secularizado que choca con la fe vivida de la mayoría de las culturas, el Plan MASHAM crea un espacio donde cada comunidad puede unirse en el cuidado del planeta sin renunciar al Dios de su propia tradición.
El Estatus del Ser Humano: El Custodio Moral (Adam) frente al Modo Finito
El segundo eje comparativo analiza el papel de la humanidad en el planeta. Para Spinoza, el ser humano no posee un lugar de privilegio ni una dignidad intrínseca superior en la creación; es únicamente un "modo finito", un engranaje más atrapado en la cadena causal y determinista de las leyes de la naturaleza, sin libre albedrío en sentido estricto.
En el noajismo, la humanidad es reconocida bajo el concepto de Adam: el ser humano es un agente libre, dotado de conciencia moral y creado con una vocación única de custodio y administrador responsable de la Tierra.
Este principio conecta directamente con visiones universales de dignidad y ecología humana, tales como el Ubuntu africano ("soy porque somos"), el Buen Vivir (Sumak Kawsay) de las culturas andinas o la doctrina global de los Derechos Humanos.
La narrativa del MASHAM no ve al ser humano como una "plaga" de la Tierra (riesgo recurrente en las corrientes ecocéntricas radicales), sino como el único actor con la capacidad ética de corregir el rumbo, ejercer la compasión y establecer el equilibrio en el ecosistema.
El Fundamento Ético: Los Mandatos de Justicia (Mishpat) frente al Conatus Naturalista
El tercer aspecto de divergencia es el origen y la naturaleza de la moral. Para Spinoza, la ética no proviene de decretos divinos ni de principios morales absolutos, sino del conatus: el impulso biológico y natural que tiene todo ser de perseverar en su propia existencia y expandir su poder. En su sistema, lo "bueno" o lo "malo" se reduce a lo que favorece o impide la supervivencia del individuo.
El proyecto Arca Internacional, en cambio, erige su accionar sobre el pilar del Mishpat (Justicia y Rectitud) y los Siete Preceptos Universales. La justicia no es un cálculo de supervivencia biológica, sino un deber moral objetivo y trascendente.
Esto permite la colaboración internacional e interreligiosa sobre una base sólida: la lucha contra la corrupción, la protección de los desamparados y la defensa de los recursos naturales son imperativos éticos insustituibles.
A través de Mishpat, el proyecto proporciona un marco de gobernanza transparente y justo en el que diversas naciones y comunidades jurídicas pueden encontrarse para construir leyes de protección planetaria sin imponer un totalitarismo ideológico.
La Unidad Plural frente al Uniformismo Monolítico
Un proyecto de alcance planetario solo puede sostenerse en el tiempo si evita dos extremos peligrosos:
El Sincretismo Superficial: Pretender que "todas las religiones son idénticas en todo", borrando las diferencias reales y la riqueza histórica de cada fe.
El Panteísmo Disolvente (Spinoziano): Reducir las creencias trascendentes a una fuerza natural ciega e impersonal, despojando a las comunidades religiosas de su motor espiritual y moral.
El Plan MASHAM propone, en cambio, la armonía de las particularidades. Cada tradición aporta a la causa ambiental y social desde su propio acervo:
El mundo judeocristiano e islámico aporta el concepto de corresponsabilidad moral ante un Creador y la administración justa de la Creación.
Las tradiciones indígenas y originarias aportan prácticas milenarias de convivencia equilibrada con la flora, la fauna y las fuentes hídricas.
Las filosofías orientales y humanistas aportan la perspectiva de interconexión ética, compasión universal y paz social.
La Visión del Derej Eretz como Puente Interreligioso
En la tradición ética clásica, el principio de Derej Eretz (la conducta cívica, recta y respetuosa) es previo y universal a cualquier ley revelada o particular.
Cuando las comunidades noájidas invitan a colaborar en la conservación de cuencas, en la restauración ambiental o en la veeduría de tribunales justos, no lo hacen exigiendo que los demás adopten su terminología teológica, sino convocando a una acción ética compartida. Se actúa como un catalizador neutral y respetuoso que permite a gobiernos, ONGs, líderes comunitarios y autoridades religiosas trabajar codo a codo en metas tangibles para la paz y la sostenibilidad.
La Síntesis del MASHAM como Mosaico de Unidad
Desglosar estas diferencias demuestra que el proyecto Arca Internacional no busca la uniformidad dogmática ni la disolución de las identidades. Al rechazar el determinismo panteísta de Spinoza y reafirmar la trascendencia, la dignidad humana y la justicia objetiva, el proyecto funciona como un mosaico pluricultural. En él, cada cultura, tradición y religión aporta su color y su sabiduría propia para cumplir una misión compartida: preservar la casa común con rectitud, paz y sentido de trascendencia.

Comentarios
Publicar un comentario